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martes, 3 de agosto de 2010

LA MENTIRA


La mentira, Pecado Capital según he podido saber. Tiene las patas muy cortas según he podido comprobar. La mentira es un sabueso que se esconde en la oscuridad, allá en una esquina esperando una señal. Cuando esta aparece, la bestia abre sus ojos, brillantes y rojos y saca sus garras. Esta te llama... su voz sibilina susurra: Deja que te acompañe, conmigo todo irá bien. Con estas palabras el sabueso empieza el cortejo del cualquier alma ignorante y cobarde. El cortejo sigue: Yo te protegeré...seré tu mejor aliado...juntos caminaremos por las sombras. Es entonces cuando la bestia empieza a devorar la mano que lo alimenta, primero acaba con la voluntad y no descansa hasta que logra dar con el discernimiento, la muerte de este último es la tortura más angustiosa que nadie pueda imaginar. Una vez conseguido este propósito, la mentira empieza a matar. Sus garras se posan en miembros sanos y puros, se posan en los brazos del amor, en las alas de la amistad y en las piernas de la fe y los amputa chapuceramente. Sólo hay uno que prevalece. El perdón. Este es inalienable, su ataque es pasivo, pero a pesar de ello la bestia le teme, el perdón purifica, el perdón anula todo acto de mala fe cometido. La Mentira es cobarde y carroñera desde sus inicios, el perdón borra toda su esencia.

Yo veo a la bestia, que se cree invisible entre otras destrezas. La huelo y la oigo arrastrarse, bate sus alas negras, con sus garras afiladas que lo arañan todo a su paso. Aprieto los dientes, siento hervir la sangre en mis sienes. Mi corazón se desboca y mi respiración se torna salvaje. Sus ojos rojos me hieren, mi bestia sale de su rincón. La ira. Es ella quien acude a mi llamada.La espuma espesa emana de sus boca de dientes afilados. Siento vergüenza. La ira quema como el fuego y arrasa con todo a su paso. Mi bestia se abalanza sobre su adversario y la ataca ferozmente hasta verlo reducida a despojos. La figura de un cuervo maltrecho es lo único que queda de la mentira. Mi guardián se aparta victorioso y el animalejo vencido emprende un vuelo renqueante. No me siento orgullosa, ¿ante qué mal sucumbo yo?

A veces busco el perdón, como guardián que mire a tu aliado cobarde con compasión, y lo derrote de una vez por todas. No alimentes más a tu bestia. Yo estoy urdiendo un plan para asesinar a la mía.

jueves, 15 de julio de 2010

LA TERAPIA: SEGUNDO DIA



LA TERAPIA: SEGUNDO DIA

Estos últimos días los he pasado en cama con fiebre, he tenido mucho tiempo para pensar y lo cierto es que terribles ideas han asaltado mi cabeza. Una visión tan triste como cierta sobre la vida de cada uno de los seres vivos que habitan en este planeta me martillea el cerebro. La verdad, la única verdad que nos une es la certeza de que nuestra existencia, por muchos años que uno disfrute de la suya, siempre es corta y nadie, absolutamente nadie, va a salir de esta con vida. Este es un mundo de condenados. Todos estamos condenados. ¡Qué triste! Creo que aún tengo fiebre, espero no contagiarle.
¿Es posible que un catarro, por muy gordo que sea, trastorne mi capacidad para pensar de un modo normal?
Me siento como aquella vez que siendo niño me encontraba en una acampada al mas puro estilo Boy Scout. Yo dormía apaciblemente en una tienda de campaña con otros tres compañeros. El caso es que me desperté en medio de la noche con unos retortijones espantosos, mi estómago hervía como un volcán a punto de entrar en erupción. Salí de la tienda de campaña doblado en dos. Fuera estaba oscuro, silencioso, sólo se oía el rugir de mi estómago. A medio camino hacia alguna parte me percaté de que me había olvidado las gafas en la tienda, junto al arrebujo de ropa que constituía mi almohada. Pensé en volver a buscarlas, porque ya a aquella edad yo era muy miope, pero mi ano, viéndose solo ante el peligro, me dijo que no podría retener la avalancha por mucho más tiempo. Corrí unos metros sin tener la más mínima idea de adonde me dirigía, cuando mis piernas avanzaron al resto de mi cuerpo supe que era el momento. Me bajé los pantalones del pijama y el resto ya se lo puede imaginar. Me costó más de media hora encontrar mi tienda de campaña. Todos dormían, nadie se había enterado de nada. Sería mi secreto.

A la mañana siguiente, los pájaros cantaban, el cielo era azul y el sol brillaba, todo olía a naturaleza. Todo menos yo, que despedía un tufillo más bien desagradable y muy familiar. Inspeccioné mi pijama, y allí estaba, Iron Man cubierto de caca. Pero la cosa no acababa allí, llegó a mis oídos la noticia de que todos mis compañeros se habían congregado alrededor de lo que debía de ser un descubrimiento botánico-zoológico revelador. Así lo pensé hasta que después de limpiarme (doy gracias a mi madre por aquel exceso de pañuelos que siempre me hacía llevar a todas partes), cambiarme el pijama por ropa limpia de Boy Scout que no defeca en medio de bosques oscuros, oí la voz de uno de los monitores que decía: ¿Se puede saber quién ha podido tener la poca vergüenza de hacer algo así?

Matt era un muchachito pequeño, enclenque, empollón y sabihondo de los que tapan su examen incluso antes de empezar a escribir para que nadie les copie, con gafas enormes y vestimenta siempre pulcramente almidonada, de esos a los que te dan ganas de pegar sin ningún motivo a la hora del recreo, de esos muchachos que si se encuentran una defecación sospechosa y del tamaño de una isla frente a su tienda de campaña, no pasará de largo como otros harían. No, Matt no era así. Matt era el tipo de niño retorcido que llamaría a todo el mundo para que ellos también compartieran tan alucinante descubrimiento. Momento Boy Scout.

Entienda que aquella fue una de las vivencias más humillante y vergonzosa de toda mi infancia. Bueno, yo tendría unos catorce años... ¿se considera aún infancia, o los catorce ya forman parte de la pubertad?
Lo que intento expresar es que últimamente me siento tan perdido y tan ansioso como aquella noche en el bosque, es una angustia a la que no me se sobreponer. Y estas horribles ideas sobre la vida y la muerte no ayudan.

Lo peor de todo es que sé muy bien porqué me he puesto enfermo, no se trata de una corriente de aire, ni de noches de fiesta en una piscina con un par de gemelas tetudas. Me explico; hace seis días mi coche sufrió una avería y tuve que coger el tren para ir al despacho. Llegaba tarde, puesto que me había entretenido en el taller mecánico dando parte de la avería y viendo los pósteres de chicas desnudas que colgaban de la pared. Corrí hacía el tren, tenía una reunión a las diez a la que no podía faltar. Estaba a punto de llegar al andén cuando una anciana con un bastón me pidió que la guiara hasta el tren. Me suplicó que caminara despacio ¡porque era CIEGA! La cogí amablemente por el codo como solía hacer con mi madre antes de que se quedara postrada en una silla de ruedas. Pacientemente la llevé hasta el andén, de pronto vi que mi tren se aproximaba. La anciana me preguntó si estábamos en el andén número cuatro. Efectivamente, no, no estábamos en el andén cuatro, estábamos en el seis y mi tren salía desde el andén número seis. No podía perder aquel tren de ninguna manera y aquella anciana se me había aferrado al brazo y no tenía intención de dejarme marchar. La subí a mi tren y le busqué un buen sitio para sentarla. Lo ojos de pez de la anciana miraban al infinito y sonreían reposados, como si fuesen testigo del más maravilloso de los paisajes. Tardé dos minutos en llegar hasta el otro extremo del tren, donde aquella ancianita invidente no podría encontrarme. Pero sí me encontró. Pero de un modo u otro lo hizo porque la fiebre empezó aquella misma tarde y desde entonces no le encuentro sentido a la vida.

¿Qué puedo hacer? No puedo contarle esto a nadie. Si no fuera porque le pago y existe la ley de confidencialidad entre paciente y médico, tampoco a usted se lo contaría. Me avergüenzo de mí mismo.
Si mi madre supiera lo que hice, se levantaría de la silla de ruedas para abofetearme y me diría: Nunca hubiera imaginado que un hijo mío fuera capaz de cagarse delante de la tienda de campaña del pobre Matt Petersen. Pobre muchacho, nunca volvió a ser el mismo desde entonces, después de aquel verano el chico se trastornó y empezó a pasearse en cueros por la urbanización con aquel radiocasete colgado al hombro, y la música de los Beach Boys a todo gas. Recuerda que Matt Petersen está aun recluido en un sanatorio y que por aquí nadie recuerda Surfin’ USA con cariño. ¡Todo por culpa de tu caca!

Bien, no ponga esa cara por Dios, me lo acabo de inventar, aún disfruto fantaseando con el sufrimiento de ese pobre muchacho. Lo veo en el suelo del patio del colegio, con las gafas rotas y su bocadillo de mortadela desperdigado por el patio arenoso. Lo cierto es que Matt Petersen creció, creció más que todos nosotros y ahora anuncia calzoncillos Calvin Klein.

Doc, ¿puedo llamarle Doc? Bien, gracias. Escuche Doc, estoy perdido. Tengo que encontrar a esa anciana y disculparme. Llevarla al parque, ser el nieto que nunca tuvo. Tengo que encontrarla y decirle cuánto lo siento. Tengo que invitarla a un té con pastas, o aún mejor, la invitaré a comer. Si me pide que la acompañe hasta el tren cada día lo haré gustoso e incluso la abasteceré con un rico desayuno. Haré lo que sea para enmendar el acto cruel que cometí contra aquella anciana invidente.

Me pregunto, y lo hago muy a menudo, si todo el mundo tiene tantas cosas que ocultar como yo. ¿Puedo ir a la cárcel por lo que he hecho?
El caso es que ya no puedo ni rebelarme contra la loca de mi vecina. Sin ir más lejos, antes de ayer me encontraba sumido en la penumbra de mi apartamento, bañado en un pestilente sudor frío, sintiendo como mi mundo se venía abajo, cuando la retrasada llamó a mi puerta o, mejor dicho, aporreó mi puerta. Como sé cuánto le cuesta desistir de sus empeños, me arrastré por el piso hasta llegar a la puerta. La abrí, fui amable con ella, que me traía un pastel. Es cierto que aún no puedo mirarla a la cara sin evocar ciertas imágenes que me provocan arcadas. Cogí el pastel o tarta, o lo que quiera que fuera, le di las GRACIAS y cerré la puerta. ¿Comérmelo? No. Acabó en el cubo de la basura. Soy incapaz de comerme algo cocinado con las manos de esa tarada. Pero creo que he progresado, he tirado el pastel, o tarta, o suflé, o lo que fuera, (es que no logré identificarlo a pesar de encender la luz para poder verlo), en mi cubo de basura, en lugar de esperar a que la autora de aquella aberración culinaria, se metiera orgullosa en su apartamento y entonces aplastarlo contra su puerta.

¿Sabe lo más gracioso Doc? Lo más gracioso de todo es que no deseo sentirme bien hasta encontrar a esa anciana ciega y hacer lo que un hombre debe hacer.

domingo, 27 de junio de 2010

De S para S:


Descansas a mi lado, te oigo respirar... me gustaría acercarme a tu cuello y olerte. Deseo que me mires como si me vieras por primera vez, como haces a veces. Tal vez me ofusca no saber qué puedo darte. Un corazón que no conoce felicidad sin antes degustar la tristeza, porque debe conocer la segunda para apreciar más la primera. A veces te veo conmigo, el lugares en los que he estado... lejos de aquí, lejos de todo. Extiendo mi brazo, levanto el dedo índice y apunto a un lugar muy concreto... poco más que una mancha en el horizonte. “ ya llegamos, espera y verás”, y me emociona saber que vas a conocer algo más de mi, y seré un poco más tuya y tú serás un poco más mío, aunque en el fondo sepamos que literalmente nada nos pertenece, que todo aquí es prestado. A veces te veo, sentado en algún lugar, un sitio completamente ajeno a ti y a tú mundo... esa visión me hace feliz. Aun no se explicar porqué. Escucho tu respiración... tan pausada. Una noche puse mi rostro frente al tuyo mientras dormías. Respiré tu aire. Luego me dormí,. Aunque tal vez me maree y perdí el conocimiento, ¡quién sabe! El caso es que necesito saber que no tengo las manos vacías. Me gusta tu sencillez, un rasgo en vías de extinción para la mayoría. Tu y yo. S&S. Primero rugimos como fieras pero pronto se nos enrojecen los ojos... los tuyos son entonces realmente bellos. Siento que las rodillas me tiemblan y me juro a mi misma que nunca antes he podido quererte tanto como en ese momento. Pero me juro a mi misma eso mismo muchas veces al día. Empieza de buena mañana cuando me despiertas con un beso antes de irte y me dices esas palabras al oído. Y pienso: ¡Juraría que nunca antes le he querido tanto!
Desearía poder darte más que mis pinturas y mi puñado de fotografías, algo más que mis libros y mis teorías sobre el ser o no ser. Dime qué puedo darte, buscaré en mi saco de tela a ver si tengo, si no es así lo crearé para ti. Sólo deseo saber que hay un lugar para los que aun no sabemos todo lo que hay en nuestro interior.
Se me cierran los ojos... son las 2.50 a.m. Me acompañan tu respiración y el sonido de las teclas. El rugido de una moto se pierde en la lejanía... el tic tac del reloj... Buenas noches mi amor.

De S Para S.

miércoles, 16 de junio de 2010

COGE MI MANO-Capitulo1


Habían encendido las luces en las calles cuando entró en el barrio. Aquellas luces anaranjadas lo bañaban todo con melancolía. Siempre había pensado que nada bueno podía ocurrir bajo aquellas luces. Las calles estaban vacías a excepción de un escuálido perro que rondaba en busca de comida. Las botellas de cristal tintineaban dentro de la mochila. Era un repiqueteo burlón que decía: Le traes su muerte en tu mochila. El viejo te lo agradece. Le traes la muerte disfrazada de ayuda.
Le vio sentado en un banco que no era el de costumbre, que estaba ocupado por un hombre robusto de rostro sonrosado que dormía la mona plácidamente. Se acercó al anciano a paso lento, después de todo, no había prisa. Se sentó junto a él. El viejo se giró para mirarle, pero no lo hizo.
-Ha hecho un buen día hoy, sí señor-. Anunció con voz rasposa. Le costaba hablar.
-¿Qué te ha ocurrido en la boca?
- Unos gamberros hace unos días, nada de importancia, me saltaron unos dientes pero como esos ya estaban hechos polvo, casi me hicieron un favor…-. Relató el viejo mostrando una triste y desdentada sonrisa.
-Lo siento-. Dijo apretando los puños contra sus piernas. El viejo sacó del bolsillo del pantalón, una bolsita de plástico con restos de pan. Las palomas acudieron al reclamo.
- Me llevaron al hospital, allí me ducharon y todo. Me dieron de comer, sopa caliente y una tortilla a la francesa riquísima, también me querían dar ropa nueva pero la mía aun me aguantará toda la primavera. Se portaron bien los del hospital. No hay nada que sentir ¡salí como nuevo!
Miraron a las palomas comer y estas llenaron la plaza con sus arrullos. El anciano las miraba con cariño, después de todo él era una paloma más.
- He perdido mi trabajo hoy. Me han despedido. Recorte de personal.
- Pues ahí van dos favores esta semana. Siempre he pensado que vales demasiado para malgastar tu vida en una fábrica. Esto es algo bueno, ahora has de buscar tu camino.
- Me voy a ir, me voy a ir lejos-. El anciano le miró fijamente y posó sus manos huesudas y temblorosas en el rostro que tenía ante sí.
- Nada me haría más feliz que verte partir bien lejos. Tú perteneces a un lugar mejor, aquí hay mucha amargura. Si no te marchas te convertirás en una de esas sombras que, resentidas por las frustraciones de no haber cumplido sus sueños, vagan grises y perdidas en un mundo al que no quieren. Yo soy uno de ellos, se de lo que hablo. Hazme caso, lárgate lo más lejos que puedas de aquí-. El viejo arrugó la bolsa de plástico, ahora vacía, y volvió a meterla en el bolsillo.
- Quiero llevarte conmigo.
- Cuando al fin decides volar libre vas te llevas a un muerto como yo…, no gracias, yo soy viejo, estoy enfermo. Volarás más alto si no cargas conmigo-. El anciano tenía los ojos húmedos y la voz se le quebró.
- Vendré a por ti y si no te encuentro yo tampoco me iré.
- ¿Por qué me haces esto? ¿No te das cuenta de en qué me he convertido? Mírame, soy un despojo. Un vagabundo alcohólico…eso es lo que soy ahora. Tú me idealizas, retienes esa imagen distorsionada de mí y te aferras a ella.
- El otro día entre en una librería del centro, un grupo de estudiantes compraban tu libro. Aun existes, no sólo para mí, existes para muchos.
- Soy un vagabundo que te espera aquí cada jueves por lo que llevas en la mochila, ese soy yo ahora-. Respondió el anciano con desdén. Luego posó la mirada sobre la única paloma que quedaba en la plaza.- Soy como las palomas.
- Me llevabas a la playa y paseábamos por la orilla juntos de la mano. Luego tú te sentabas a escribir y yo jugaba con la arena. Los días más felices de mi vida me los has dado tú. Eres mi padre.

Regresó a  casa con la cabeza baja y dando una vuelta. Sentía la mochila que colgaba ahora vacía en su espalda. Apretó los puños al entrar en el portal. Había subido hasta el cuarto piso cuando se sentó en uno de los peldaños de las escaleras, abrazó la mochila como si esta estuviera viva y dejó la mirada perdida en la oscuridad.

Silvia Serra

martes, 8 de junio de 2010

El Manantial


El problema básico del mundo moderno, es la falacia intelectual de considerar que la libertad y la coerción son opuestos. Para resolver los gigantescos problemas que agitan el mundo de hoy, debemos esclarecer nuestra confusión mental. Debemos adquirir una perspectiva filosófica. En esencia, libertad y coerción son la misma cosa. Les daré un ejemplo: los semáforos restringen su libertad de cruzar la calle cuando lo desean. Pero esa restricción les da la libertad de no ser atropellados por un camión. Si se les diera un trabajo y se les prohibiera abandonarlo, se restringiría la libertad de sus carreras, pero se les daría la libertad de no temer al desempleo. Siempre que se impone una nueva coerción sobre nosotros, automáticamente ganamos una nueva libertad. Las dos son inseparables. Sólo aceptando la coerción total podemos conseguir nuestra libertad total.

domingo, 2 de mayo de 2010

LA TERAPIA ( Primer día)


LA TERAPIA: PRIMER DIA


El caso es que odio la música de los tiovivos. Supongo que es porque fue en uno de esos cacharros donde se cargaron a mi padre de un disparo. Yo estaba con él, pero no recuerdo nada, creo que mi mente hizo eso que ustedes llaman Mecanismo de Autodefensa o algo parecido. Lo borró todo de mi cabeza. Me molesta no poder recordar tan importante suceso. No sé mucho sobre Hipnosis pero a veces pienso en ello como una solución, he leído un poco de Freud, y la subnormal de mi vecina que siempre esta haciendo yoga, meditando y viajando astralmente para espiar a las estrellas de cine, me ha explicado un par de cosas. No deje que el término subnormal le confunda, mi vecina es una buena persona, lo que pasa es que pasó por una infancia demasiado normal, lo típico: Padre alcohólico llega a casa y azota a madre de diecisiete años hasta que se cansa, sólo porque la noche en que la preñó estaba tan borracho que no se dio cuenta de que era negra, y cuando se dispuso a darse a la fuga, fue sorprendido por un papá muy negro y muy cabreado, que amenazó con romperle el espinazo si no se hacía cargo de su hija y de su barriga.

Lo cierto es que no tengo ni idea de la infancia de la loca de mi vecina y tampoco me importa. Sólo quiero que deje de patear mi puerta cada vez que tiene una de sus visiones. Como aquella vez que llamó a las cuatro de la madrugada para decirme que Bono y Ted Bundy intercambiaban sus almas. Respondí que me parecía genial y le cerré la puerta en los morros, porque tenía compañía aquella noche y la loca negra de mi vecina me había interrumpido. Con lo que al sexo se refiere no tengo demasiadas manías pero si he de escoger, me gusta hacerlo con música suave y las luces atenuadas. Qué le vamos a hacer, soy un romántico.
No tengo pareja formal desde hace un año, desde Anne. Ella era una chica estupenda, en serio, creí que sería para siempre, pero eso es lo que todo el mundo piensa cuando está enamorado, y yo lo estaba. Estaba loco por Anne, de modo que no me sorprendió cuando mi mejor amigo se colgó por ella, porque Anne era genial. Lo que sí me sorprendió fue que Anne se enamorara de Mark (mi mejor amigo), porque ella estaba loca por mí y Mark no estaba mi altura (yo le he visto en las duchas del gimnasio y por eso sé de lo que hablo).

La situación no me cuadraba, y he de admitir que aun sigo sin entenderlo. Ya se han casado y ella está embarazada. Fui el padrino de boda, lo cual demuestra que soy una persona que sabe encajar los golpes duros con madurez y entereza, ¿no le parece a usted? Lo que quiero decir es que no les deseo nada malo, ni que su hijo salga mongolo, ni con dos cabezas. ¡Nada de eso! Lo que quiero es que sean felices, eso da a entender que ya no estoy colgado por Anne, ¿no cree usted? Ahora solo quiero pedirle en anillo que le regalé en nuestro primer aniversario. Es un anillo de diamantes carísimo y quiero venderlo para comprarle a mi madre una silla de ruedas nueva.

Robert, mi otro mejor amigo, porque somos un grupo de cuatro, sin contar a Mark, dice que soy un rastrero por pedirle el anillo a Anne. No creo que sea rastrero querer que mi madre paralítica tenga una silla de ruedas automática, con cambio de marchas y posa vasos. Robert sí que es un rastreo! Sin ir más lejos el sábado pasado fuimos los cuatro, sin contar a Mark, al Club 21, que, no sé si usted frecuenta la vida nocturna, pero este club está muy de moda. Robert se ligó a una rubia explosiva llamada Alberta, y el rastrero estaba muy orgulloso con su cacería porque normalmente nunca que come una rosca. ¿Quiere saber qué hizo? Se la llevó a su apartamento de doscientos m2 y lo filmó todo. El domingo nos citó a los cuatro, sin contar a Mark, nos puso el vídeo de su noche con la rubia Alberta, y como quien pone un vídeo de bricolaje, nos empezó a explicar cuales eran las posturas más placenteras, (yo no sabía que había chicas capaces de doblarse tanto).

Cuando Anne y Mark se unen al grupo la cosa apesta, Anne empieza con sus nauseas y sus antojos de helado de pistacho con trufas, bañado con salsa de tomate y zumo de manzana caliente. De modo que las pasamos negras para satisfacer a la preñada de mi ex, que ahora es la esposa de mi ex mejor amigo. Digo ex mejor amigo porque tener a un padre como mejor amigo me hace sentir viejo y no lo soy, sólo tengo veintisiete años y medio, estoy en la flor de la vida. No me martiriza en absoluto eso de pasar del cuarto de siglo, no tengo ni una arruga y a las chicas de veinte años les atraen los hombres con experiencia. Pongo por ejemplo a Josephine, que es la hija de mi ex pediatra y que ahora vive en el edificio contiguo al mío. Pues bien, Jos tiene veintiún años y está en la facultad de medicina. La conocí una noche mientras cenaba con Paul y su hermana Ronda en un restaurante de lo más chic. De camino al excusado, Ronda, se encontró con su mejor amiga, Josephine, esta había ido a cenar con sus padres los cuales habían empezado a discutir, como siempre. De manera que Ronda, que aunque muy fea es de lo mas servicial, la invitó a cenar con nosotros. Fue hablando con ella como me enteré de que la vieja bruja de mi pediatra era su madre. El hecho es que a Jos le vuelven loca los cuarentones, pero como aun no se atreve con ninguno, se conforma con los de mi edad, dice que somos muy monos. Me encanta Jos.

Hace un mes que me enteré de que la horrenda hermana de Paul es lesbiana. Respiré tranquilo porque una vez me acompañó a casa estando yo muy borracho. Ella, que es abstemia, me metió en la cama y cuando desperté lo hice sólo con los calcetines puestos. Sentí un pánico infinito que luego derivó en feroces pesadillas.
Ahora estoy tranquilo, sólo le van las chicas de manera que sé que no ocurrió nada entre aquella cosa y yo. No es que desprecie a las feas, no lo hago en absoluto, sin ir mas lejos, estuve saliendo con Rose Reves durante tres semanas, dos días y catorce horas más o menos, no llevo bien la cuenta. No exagero ni un ápice cuando le digo que ya en el instituto era la más fea y gorda con diferencia. También valoro mucho la calidad intelectual de las chicas con las que salgo, y adoro la gran personalidad que tienen las feas para disimular que son feas.

Anne era guapa e inteligente al cien por cien, con una encantadora personalidad, pero ha hecho falta que se casara con Mark para darme cuenta de que algo fallaba en ella, creo que si se hubiera casado conmigo, nunca lo hubiera visto. Pero no me mal interprete, aun sigo pensando que Anne es una mujer genial.


Lo peor de todo es que Robert piensa que quiero regalarle el anillo de diamantes a Emma, una chica que conocí en el Club 21 hará cosa de dos meses. Emma y yo nos vemos de vez en cuando, hacemos buen sexo, cocina muy bien, es increíblemente guapa, y tiene seis dedos en el pie derecho. ¿Qué más puedo pedir? Se preguntarán algunos, pero yo, que no conozco la respuesta, solo podría decir que sé que no es ella, ella no es la chica con la que iría a una isla desierta a vivir felices y a comer perdices. No se crea, tampoco me iría con Anne. ¡A estas alturas! El caso es que a Emma no le regalaría ni un anillo de cristal reciclado.
¿Qué sabe usted sobre la hipnosis? No, no, déjelo, creo que no estoy preparado para ver morir a mi padre. Supongo que es por eso por lo que admiro tanto a mi madre. Ella no tuvo elección, daba lo mismo si estaba preparada para ver como le arrebataban a su esposo y padre de su maravilloso hijo de un disparo en el cuello. Pero lo vio, lo vio todo mientras sostenía un bastón de caramelo que tenia pensado darme cuando bajara del tiovivo, y algunos juguetes que mi padre y yo habíamos ganado tirando dardos a una ruleta. No recuerdo nada de lo sucedido. Con el paso de los años he reconstruido ese día en mi mente, juntando las piezas de lo que mi madre me ha ido contando. Y yo no la culpé cuando diez años más tarde del asesinato de mi padre, contrajo matrimonio con un alemán exiliado, ex miembro de las S.S., cojo y con todo el cuerpo lleno de cicatrices debido a las torturas que había recibido como castigo por traicionar a su país.

El alemán se enamoró de mi madre, que aun era muy guapa, se casó con ella y pasó a ser mi segundo padre. Pero no se crea que no siento odio por los alemanes, les odio a todos menos a uno.

Gracias a él hablo bastante bien alemán. Nunca me ha servido de mucho con las mujeres. Siempre me acaban preguntando: ¿Y francés no hablas?

Sin ir mas lejos, la loca de mi vecina tuvo un novio alemán, una mañana me lo crucé en el ascensor, él había pasado la noche con la subnormal e iba a trabajar con una sonrisa post-coito, y el nudo de la corbata tan grueso que parecía el puño de un negro bajo su nuez. La loca se lo habría hecho prometiéndole que estaría guapísimo. El alemán en cuestión no apareció más y me consta que la loca lo esperó, no quiera saber qué pasó en el ascensor.

Recuerdo la única vez que he visto borracha a la idiota de mi vecina negra. Llamó a mi puerta vestida con un diminuto salto de cama transparente y los ojos en blanco. Aquella visión por poco me produce un ataque al corazón, intenté cerrar la puerta y hasta le pillé los dedos. Pero ella se abrió paso a empujones y se dirigió directamente a mi habitación, se tumbó en la cama y me dijo: _ Ayer me acosté con James Dean, hoy, el afortunado eres tú.

Me encerré en el cuarto de baño porque soy incapaz de pegar a una mujer, aunque se trate de la loca de mi vecina.

Ella me decía, a través de la puerta, todas las guarradas que me iba a hacer una vez me tuviera desnudo y atado de pies y manos. Con el desagradable sonido de su voz, (que sonaba como un gato a que le chamuscan la cola), como música de fondo, tomé una larga ducha, me afeité concienzudamente, me cepillé los dientes (con hilo dental incluido), me corté y limé las uñas de los pies y llamé por teléfono a mi restaurante Italiano favorito, encargue Espagueti al pesto y una Cuatro Estaciones (y Mark se mofaba de mi por tener teléfono en el baño). Cuando abrí la puerta la encontré allí plantada, con su cara de retrasada mental y expresión suplicante, apestando a alcohol. Le di un puñetazo en plena cara, mandando al traste mis principios, lo que la hizo caer de espaldas al suelo, con las piernas abiertas y como no levaba bragas el espectáculo fue lamentable.

La llevé a su apartamento y la tiré directamente sobre la cama sin miramientos. Al día siguiente, la pobre no recordaba nada. Pero desde entonces yo no puedo mirarla directamente a la cara, porque siempre que lo hago la veo allí tumbada, con su salto de cama transparente, despatarrada y sin bragas. Me entran nauseas doctor, qué quiere que le diga, uno es sensible. Aunque a pesar de lo ocurrido, continúo pensando que es una buena chica.

Lo que sigue es muy curioso, ¿sabe? Cuando llegó la comida del restaurante, regresé con las bolsas al cuarto de baño, cerré la puerta con cerrojo y comí sentado en la taza del water. Al acabar tiré de la cadena.

domingo, 11 de abril de 2010

MI TIERRA




Qué no daría yo por compartir un pensamiento, un tormento tal vez. Qué no daría yo por compartir una idea, un lamento, comunicar tal vez un sentimiento. El desamor viene casi siempre acompañado por su prima la tristeza y su sobrina, enjuta y cejijunta, la Decepción. Esta última obra contra terceros más que contra uno mismo. Juntos forman un espantoso trío. Qué puede hacerse cuando uno se muestra pero no es visto. Aunque hay algo peor que eso, está el mostrarse pero no despertar el suficiente interés. Posiblemente sea este el momento de partir a tierras más conocidas. Hoy resido en terreno hostil. Un terreno que nada necesita, nada pide, pero nada da. Me pregunto si más allá de mi isla solitaria en la que poco más que el eco de mi voz se oye, habrá una tierra verde en la que estirarme a descansar al fin. ¿Habrá allí un territorio rico y generoso que me acoja o estoy definitiva e irremediablemente sola?

Estoy leyendo El buen Soldado, de Ford Madox Ford. en las primeras páginas el protagonista confiesa: “Me siento solo, terriblemente solo”. Al leerlo pensé en la dureza de esas palabras y en el valor necesario para pronunciarlas.

Hoy miro a mi alrededor, la espesura que rodea mi pequeña y solitaria isla es demasiado oscura y desconocida. De momento me quedo en mi tierra árida que no me cuida porque no sabe amar. Pero quién sabe, con una buena armadura tal vez pronto pueda abandonar estos páramos en busca de una tierra fértil. Miro mi tierra árida, seca e inerte a intento recordar si siempre fue así. Cuando llegué a esta isla el suelo era suave, cálido y me mecía con amor. Creo recordar que un día esta tierra fue así aunque tal vez sólo fuera mi imaginación. Ahora está tan seca y áspera... El sol saldrá mañana implacable y se posará sobre mi piel quemándola, secará mis cabellos y calcinará mi alma... y así un día tras otro.

Vivo de espejismos, ellos me mantienen a flote... me alimentan... mantienen viva una parte de mi ser... pero algo me dice que hay otra parte en algun lugar que muere en silencio. Meto los labios entre las grietas y hablo, hablo sobre mi mundo y mi alma... pero la tierra no escucha, no hay nada en ella para mi.